

Luces, sonidos, colores y objetos para tocar componen la característica principal de una exhibición montada en las alturas japonesas. Por momentos, las instalaciones logran engañar a los sentidos. También recompensan. Esto ocurre en la exposición de arte contemporáneo The Kaleidoscopic Eye: Thyssen-Bornemisza Art Contemporary Collection, en el Mori Art Museum de la ciudad de Tokio, Japón. Visitar el museo es también una experiencia aparte: está ubicado en el piso 53 de la torre principal del complejo Roppongi Hills. Desde allí, se vive la ilusión de que es posible captar la inmensidad de esta increíble ciudad con una sola mirada.
Un grupo de 23 artistas de todo el mundo protagoniza esta exhibición sobre soportes poco convencionales para “mirar al mundo de una forma nueva”, según ha definido el curador de la muestra Araki Natsumi. “Luz, color, sonido, lenguaje, concepto y comunicación”: estas son las claves de esta muestra que organiza el Mori Art Museum junto con la fundación Thyssen-Bornemisza Art Contemporary, de Madrid, surgida en 2002 de la mano de Francesca von Habsburg, hija del barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemiza quien creó el museo con su nombre en Madrid.
El inicio del recorrido de la muestra es a través de un túnel cuyas paredes circulares están formadas por cientos de lamparitas encendidas. Una especie de túnel del tiempo que predispone los sentidos para la curiosidad. Muchas de las obras son instalaciones mixtas, con el objetivo claro y definido, de poner en duda la percepción del espectador. La obra pertenece al belga Carsten Höller. Araki había explicado a los medios japoneses que: “Basta con aproximarse desde otro ángulo a la realidad para ver como ésta cambia. Esa es la filosofía de The Kaleidoscopic Eye, una invitación a replantearnos qué entendemos por cotidiano, poniendo el acento en la percepción y en la interacción con la obra de arte”.
Esta muestra reúne más de cuarenta obras, algunas de ellas instalaciones muy impactantes, como el caso de: “Frío estudio del desastre”, un momento congelado de la explosión de un muro, del grupo cubano “Los Carpinteros”. Pedazos de pared están esparcidos en el aire y sostenidos por hilos creando la ilusión de que uno está presenciando el instante preciso de la explosión del muro.
También se puede vivir una experiencia muy impactante cuando se acaricia una mesa de madera en medio de una sala oscura. Esa caricia provoca la generación de luces, sonidos y voces inquietantes. La instalación pertenece a la canadiense Janet Cardiff.
Por su parte, el danés Olafur Eliasson proyecta luces sobre tres círculos de cristales rojos y azules movilizados con dos motores. El suizo John Armleder colgó doce globos con espejos, como los de las discos, pero de gran volumen, que decoran una sala futurista donde se puede perder la noción del espacio. La estrella –sólo por su nombre– de la muestra es la “controvertida” creadora británica Tracey Emin que presenta aquí un cartel de neón azul que simplemente dice: “I dream of sleep”. Además, participan otros artistas como Matthew Ritchie, Carsten Höller; Jim Lambie; Klaus Weber, entre otros.
El Mori Art Museum ha sido diseñado por el arquitecto neoyorquino Richard Gluckman, fue inaugurado en 2003 y se encuentra en el distrito de Roppongi, en pleno centro de Tokio. El museo ocupa la parte superior de un centro de arte de cinco plantas, creado por Minoru Mori, presidente y director ejecutivo de Mori Building, un proyecto de dimensiones gigantescas y de desarrollo comercial y residencial que ocupa 100.000 metros cuadrados en una zona conocida por sus noches sin fin y que ha costado 2.500 millones de dólares.
El Mori Art tiene al Museum of Modern Art de Nueva York como socio cultural y asesor artístico, y posee un Advisory Comittee, con personalidades como: Glenn Lowry, director del Moma; Nicholas Serota, de la Tate; Alfred Pacquement, del Centre Georges Pompidou; y Norman Rosenthal, de la Royal Academy. Las obras y objetos de exhibición están centrados en el arte, arquitectura y diseño de la posguerra.
Héctor Pavón, revista Ñ









