
Rossana Reguillo, antropóloga mexicana, es una observadora atenta y minuciosa de cuanto fenómeno cultural ocurra en su país y también en América Latina. Ha escrito sobre los jóvenes y su futuro; sobre la mara salvatrucha; las culturas urbanas. Ha publicado una decena de libros y es una asidua visitante de los escenarios intelectuales locales. Poco después que surgió la gripe porcina, Reguillo comenzó a publicar sus reflexiones sobre el caso en un blog titulado Diario de la epidemia (http://www.magis.iteso.mx/diariodelaepidemia/). El sitio ha tenido muchas visitas, aportes de Carlos Monsiváis y una importante repercusión a nivel nacional e internacional. Desde Guadalajara, tierra del mariachi y del tequila, donde además se produjo el epicentro del rebrote de la gripe, Reguillo cuenta cómo es vivir con A H1N1 en el aire y en la mente mexicanos.
¿Cómo ha modificado la gripe porcina las relaciones entre los mexicanos en términos corporales, por ejemplo?
En los primeros días fue notable la transformación radical en nuestra manera de estar juntos. Los mexicanos tendemos al contacto constante y a una cercanía con los cuerpos de los otros, que en otros países sería inconcebible. El alerta sanitario recomendó, entre otras cosas: no besar, no saludar con la mano y mantener una distancia de dos metros entre las personas. Al principio se percibía claramente que el miedo al cuerpo del otro marcaba las interacciones en el espacio público, en los mercados, los bancos, el transporte, todos aquellos lugares que siguieron funcionando, en medio de la parálisis generalizada. Recuerdo que a los tres días de declarado el alerta, tuve que ir al supermercado y quedé auténticamente devastada por lo que ahí pude ver y sentir. Cuerpos aterrados de otros cuerpos. Los que no usábamos tapabocas, (barbijos), éramos observados con preocupación y mantenidos a una distancia aún mayor. Sin embargo, pasados los “picos” de la epidemia, ha ido ganando la cultura de fondo y volvemos poco a poco al “apretujadero”. Es importante decir que todo esto ha trastocado muchas cosas: la forma de ver y de vernos, la manera en que percibimos nuestros propios cuerpos y un saber, aún difuso, que marca un cambio en la naturalidad con la que hemos vivido a lo largo de la historia respecto del contacto.
¿Cómo afectó a los mexicanos la decisión argentina de interrumpir los vuelos entre ambos países?
Tema harto complejo y doloroso... Fue sorpresivo para muchos. La decisión del Gobierno argentino, una especie de interrogación dolida con puntos suspensivos, se añadía a todas las catástrofes que estábamos experimentando. Cómo era posible que un país hermano, fundamental en nuestra propia historia, contra todo lo declarado por la OMS, nos hiciera esto: ¡cerrarnos la frontera! Cómo entender que un país al que habíamos acogido con cariño y con generosidad en sus momentos más difíciles: el exilio durante la dictadura, o al que seguimos recibiendo en su emigración económica pese a que nuestra propia realidad es complicada, nos hiciera esto. Lo que puedo decir, por ahora, es que hay mucho “dolor”, mucha “bronca” con la reacción del gobierno y de algunos, los menos, ciudadanos argentinos, que evidenciaron sentimientos discriminatorios enraizados en una cuestión racial y de clase, mezclados con oportunismos electorales y aderezados con miedos apocalípticos.
¿Cuál es su opinión sobre los rumores que circulan en Internet que proponen diversas hipótesis sobre el origen de la enfermedad: que fue creado en un laboratorio, que es un invento del G7 para oxigenar la economía... ?
Ese es un tema que me intriga, al tiempo que me divierte mucho. No es que desestime algunos datos, por ejemplo el hecho de que Mr. Donald Rumsfeld (ex secretario de Defensa de George Bush), sea uno de los principales accionistas de la empresa que fabrica el antiviral Tamiflú. Es un dato. Pero creo que lo de fondo es interrogar qué es lo que significa la proliferación de todas estas teorías complotistas, que como bien señalas, apuntan, casi todas, a una reactivación de una economía colapsada. Quisiera arriesgar la hipótesis de que se trata de una manera “moderna” de desplazar la responsabilidad de todo esto que nos sucede, a fuerzas incontrolables y anónimas. En la antigüedad fueron las fuerzas supraterrenales, los dioses, la naturaleza antropoformizada y dotada de agencia reflexiva (es decir, perversa) y hoy, el pensamiento mágico que todos necesitamos para sobrevivir, acude a los relatos verosímiles para dotar de significado a una realidad que nos desborda. Creo que lo que enfrentamos desde la apabullante emergencia de leyendas urbanas a finales de los atribulados noventa del siglo pasado, es a una crisis de credibilidad de la “política grande”, es decir al espacio ocupado por gobierno, partidos, instituciones y un retorno a contra vía de lo que Weber imaginó, un reencantamiento del mundo por la vía mágica. Me cuesta imaginar el complot mundial, pero sí logro visualizar un gobierno mal preparado y asustado frente a una contingencia que iba a pegar de manera contundente en los sectores más empobrecidos (es decir, la mayoría). Puedo incorporar a mi visión analítica a unos medios de comunicación enamorados de la catástrofe y emocionados por la posibilidad de transmitir en tiempo real. Las cadenas de Internet, son un revival, mejoradísimo, del murmullo silencioso de la tribu, deslumbrada y atemorizada por el poder de decisión de los “ancianos”, su reproducción viral, será otro motivo de los análisis pendientes y por venir.
¿Cómo ha incidido la epidemia en el debate intelectual nacional e internacional?
Creo que a todos nos tomó desprevenidos. Fue muy difícil aislar el análisis pausado de la emergencia verdadera; fue complicado y al hacer una lectura a vuelo de pájaro sobre la respuesta de la intelectualidad, creo que predominó la “prudencia”, una contención que operó de acuerdo a las duras medidas tomadas por el gobierno mexicano. No sé, no tengo aún un mapa claro de esto, pero al repensar en las respuestas intelectuales internacionales, tengo la impresión de que ganó la inexperiencia y el temor al virus. No he leído aún la pieza intelectual que haya sido capaz de desestabilizar la lectura epidemiológica y sanitaria del asunto. El territorio microscópico es complicado, aunque sus efectos se hagan sentir en el plano de lo sociopolítico. De lo que estoy convencida es de que el episodio del A H1N1 abre un nuevo capítulo en la geopolítica de nuestros miedos contemporáneos.
¿Ya se convive con la gripe de un modo más natural o todavía quedan importantes medidas de precaución que la gente cumple obedientemente?
Hay de todo. Obsesiones sanitarias y atemorizadas que marcan pautas de interacción; pero creo que la influenza humana (el nombre importa), ha pasado a incorporarse a nuestro repertorio de riesgos. Es pronto aún para decirlo, hay localidades en México que recién el día 18 de mayo, han empezado a restablecer la normalidad. No sé si todo esto alude a “cumplir obedientemente” o la incertidumbre que genera el no saber a ciencia cierta contra qué estás peleando, por lo tanto y mientras tanto, parece decir el comportamiento colectivo, seamos prudentes. Creo que a contravía de la ya clásica película, el tema de la saga que en México vivimos, sería: ¡lo que la influenza nos dejó!
¿Qué ha pasado con los principales problemas de México, en el orden de lo político, económico, social...? ¿Pasaron a un lejano segundo plano?
Sí. Durante los quince días que duró el pico del alerta sanitaria, de la contingencia, no hubo espacio para nuestros problemas “endémicos” y habituales. Aunque la crisis económica, el narcotráfico y sus ejecutados y decapitados, no hicieron caso de la “cuarentena”, parecía como si el país estuviera dominado monotemáticamente por un solo asunto. Pero fue un espejismo. Una vez que se empezó a recuperar la normalidad, fue evidente que la temporada electoral (elecciones intermedias del 2010), el narco y la crisis económica, estaban ahí, cubiertos con cubrebocas, prestos a desenmascararse una vez que la ceguera blanca, parafraseando a José Saramago, pasó.
¿Cómo ha sido la experiencia de armar y escribir diariamente este blog? ¿Cómo evalúa la repercusión que ha tenido?
La experiencia ha sido tan fascinante como agotadora. He aprendido mucho y el blog ha sido un taller acelerado de investigación. Me cuestiona el hecho de salir a la intemperie, los académicos solemos atrincherarnos en la certeza que nos da el largo plazo. Y esta experiencia ha supuesto arriesgar-me, en un territorio de reflexión cotidiana que se alimenta en doble vía, de un lado, lo ya acumulado y de otro, el vértigo del acontecer. Creo que ha sido políticamente eficaz, ha cumplido una función en tiempos complicados y me ha permitido estar cerca de las reflexiones y preocupaciones de gente concreta, con cuerpos concretos y temores concretos. Creo que todos los dispositivos comunicativos tienen un ciclo, considero que el “diario de la epidemia”, emerge del compromiso universitario y personal de salir a campo abierto, en una especie de guerrilla semiótica, con vocación de producir reflexividad, es decir, propiciar la reflexión en torno del pensamiento que piensa y armar un dispositivo, que no por menor, sea capaz de inscribirse en un debate global que este virus ha demostrado más que urgente. Este blog desaparecerá, así es la política viral, creo. Y retornará en otro momento y ojalá que bajo otras circunstancias, por ejemplo cuando se declare un brote de epidemia democrática y de sensatez. Estamos asustados aún, y el blog ha sido un dispositivo de exorcismo tecnológico.
Héctor Pavón, Revista Ñ






