Los sambas que encontró Marisa Monte
Héctor Pavón
Héctor Babenco ha dicho sobre el rostro de Marisa Monte: "No es de este tiempo, es un camafeo victoriano". Es verdad. Se trata de la belleza hecha voz, hecha mirada, hecha mujer. Esa conjunción ha salido a cantar de nuevo, a decir que sí es de este tiempo aunque hoy entone sambas y canciones de otras épocas.
Marisa Monte editó recientemente dos discos simultáneos. Dice que son mellizos: que se gestaron juntos pero que cada uno tiene su personalidad. Dice que estuvo mucho tiempo tocando en vivo y que eso le ha impedido grabar tanto como le hubiera gustado en sus dieciocho años de carrera. Universo ao meu redor e Infinito particular son los títulos de esos nuevos "hijos". El primero tiene el valor del rescate cultural del samba. Marisa, nacida en Río de Janeiro, realizó un trabajo de investigación entre viejos sambistas, músicos, letristas y seguidores, junto con los integrantes de la mítica Vieja guardia de Portela, una agrupación musical que atravesó dos siglos para rastrear canciones viejas, muchas de ellas nunca grabadas, transmitidas por la tradición oral. Las "Velhas guardas" son los grupos que acompañan las escolas de samba de Río como Portela o Mangueira.
En estos discos se escuchan los instrumentos esperados y también los insólitos. Entre ellos se genera una mezcla que incluye sonidos del koto, kalimba, ukelele, cuíca, chelo, fagot, theremin, trompeta, marimba, vibráfono, órgano Hammond, tuba o arpa.
El samba es uno de los mayores valores de la cultura brasileña. Es un ritmo movedizo que suele acompañar las comparsas del carnaval carioca y que originó variantes populares como el pagode o más elaboradas como el bossa nova. En 1917 Donga grabó Pelo telefone, el primer samba registrado, y durante mucho tiempo fue una música marginal que se bailaba en los patios traseros cariocas. Quienes se exhibían "sambando" podían ser detenidos por la policía. En algún aspecto, todavía forma parte de una cultura subterránea que se legitima con discos como el de Marisa Monte. Pero también, músicos como Alcione, Beth Carvalho, Chico Buarque, Clara Nunes, Paulinho da Viola, Baden Powell, Joao Bosco, Gal Costa, entre muchos otros, han interpretado y difundido el samba.
De esa investigación nació Universo..., un disco que refleja la madurez de una artista arriba y abajo del escenario. La de quien ha logrado el respeto y la admiración de distintos públicos y es también la madre que necesita estar más en contacto con el "universo que la rodea".
Infinito Particular es el nombre del segundo disco, también surgido de una búsqueda, pero más interior tal vez. Una introspección. Hurgó entre sus recuerdos y encontró más de cien cassettes de grabaciones anteriores nunca difundidas, algunas que ya no recordaba. Las digitalizó y eligió el repertorio de este disco que se emparenta con lo que hoy se podría llamar "Música Popular Brasileña" (MPB). Desde su estudio en Río de Janeiro la voz de Marisa es la de una guerrera cansada, pero con resto para reír, hablar con dulzura de sus maestros y hasta imitar el particular sonido de la cuíca.
- —Cuando llegó al mundo, ¿un samba fue la primera música que escuchó?- —No sé... No sé. Pero el samba es, seguramente, la expresión más fuerte de Río de Janeiro, ¿no?, la más característica, y yo soy de Río. En mi casa se escuchaba mucho samba, durante mi infancia. Y, probablemente, debo haber escuchado mucho. Aunque no me acuerdo cuál fue esa primera música, yo convivía con los grandes maestros del samba en casa y en mi ciudad.
- —¿El samba es la música que identifica a Brasil?
- —Creo que sí, y creo que existen muchos motivos para que así sea. O mistério do samba, un libro de Hermano Vianna, explica el fenómeno. Brasil es un país enorme, con diversos estilos originales de música. Existen varias expresiones musicales diferentes tan fuertes, quizá, como el samba mismo. Vianna hace una tesis sobre cuáles son los factores que habrían llevado al samba a asumir el papel de música representativa del Brasil. Así como ocurre con la "feijoada" en el terreno de la comida, aunque también hay otras comidas como el "vatapá", el "cozido", entre otras. Pero la feijoada es la comida símbolo de Brasil. Vianna construye su tesis con la idea de que el samba tiene como base Río de Janeiro, que era la capital y que es, todavía, un gran centro de fusión cultural en el país. Aquí estaban las radios en los años 30 y las grabadoras y entonces ése fue un hecho que ayudó mucho a establecer el samba como una música típica brasileña porque era un lugar donde los artistas de afuera venían a presentarse. Era una música que terminó siendo típica del Brasil, por ser una música típica de Río, y por la importancia cultural que Río ejerce y ejerció históricamente en el país.
martes, julio 04, 2006
El fútbol de hoy según Juan Villoro
"El fútbol vendió nuestra infancia"
El mexicano Juan Villoro publicó un libro de artículos y crónicas sobre fútbol. Pasiones, trampas, genialidades, desmesuras y talentos afloran de estas páginas que indagan en un mundo ganado por las finanzas y la publicidad que, aun así, no pierde su magia y pasión. Obvio, también está Maradona.
Héctor Pavón
Cronista de causas perdidas y prometedoras, hombre de mar y de tierra, Juan Villoro es uno de los mejores retratistas del continente. Con la crónica como herramienta ha contado sus verdades en libros, diarios y revistas. Pero además de jugar con las letras también ha jugado desde que tiene memoria con una pelota de fútbol. Sus intentos fueron en vano. No importa. Continúa pateando al arco aunque su destino ha sido el de relatar las jugadas, heroicas y fallidas, para quienes no van a los estadios.
Sus apuntes y crónicas sobre fútbol ahora se conocen ensambladas en su libro Dios es redondo, un compendio de textos que sirve para acercarse a un conjunto de pasiones liberadas en todo su esplendor en estos días de mundial. Y aunque su México querido ya fue eliminado, Villoro sigue firme en alguna platea de algún estadio alemán con su libreta de apuntes y un pincel fino. Desde allí dice que todavía sueña con hacer un gol sin la magnificencia de esas canchas hipermodernas, en la soledad de un potrero del DF mexicano.
- —Ha escrito crónicas sobre temas sociales, culturales y también cuentos, novelas, ¿cómo surgió la idea de hacer un libro sobre fútbol?
- —Siempre he sido aficionado al fútbol. Jugué bastante pero sólo di grandes partidos en mi imaginación. La literatura permite compensaciones y empecé a escribir de fútbol, buscando historias en la cancha y en las pasiones de la gente. El fútbol sucede en el campo, pero también en la cabeza del aficionado. Me interesa perseguir las supersticiones, las ilusiones, los raros deseos de reparación que se depositan en los estadios. Empecé en el Mundial de Italia 90. Un periódico me pagó el pasaje y boletos para los estadios. Poco a poco, otros medios se acostumbraron a mis textos. Desde hace unos diez años quería hacer un libro de fútbol. Descarté muchos episodios y reescribí otros, buscando que tuvieran la unidad de un partido.
El mexicano Juan Villoro publicó un libro de artículos y crónicas sobre fútbol. Pasiones, trampas, genialidades, desmesuras y talentos afloran de estas páginas que indagan en un mundo ganado por las finanzas y la publicidad que, aun así, no pierde su magia y pasión. Obvio, también está Maradona.
Héctor Pavón
Cronista de causas perdidas y prometedoras, hombre de mar y de tierra, Juan Villoro es uno de los mejores retratistas del continente. Con la crónica como herramienta ha contado sus verdades en libros, diarios y revistas. Pero además de jugar con las letras también ha jugado desde que tiene memoria con una pelota de fútbol. Sus intentos fueron en vano. No importa. Continúa pateando al arco aunque su destino ha sido el de relatar las jugadas, heroicas y fallidas, para quienes no van a los estadios.
Sus apuntes y crónicas sobre fútbol ahora se conocen ensambladas en su libro Dios es redondo, un compendio de textos que sirve para acercarse a un conjunto de pasiones liberadas en todo su esplendor en estos días de mundial. Y aunque su México querido ya fue eliminado, Villoro sigue firme en alguna platea de algún estadio alemán con su libreta de apuntes y un pincel fino. Desde allí dice que todavía sueña con hacer un gol sin la magnificencia de esas canchas hipermodernas, en la soledad de un potrero del DF mexicano.
- —Ha escrito crónicas sobre temas sociales, culturales y también cuentos, novelas, ¿cómo surgió la idea de hacer un libro sobre fútbol?
- —Siempre he sido aficionado al fútbol. Jugué bastante pero sólo di grandes partidos en mi imaginación. La literatura permite compensaciones y empecé a escribir de fútbol, buscando historias en la cancha y en las pasiones de la gente. El fútbol sucede en el campo, pero también en la cabeza del aficionado. Me interesa perseguir las supersticiones, las ilusiones, los raros deseos de reparación que se depositan en los estadios. Empecé en el Mundial de Italia 90. Un periódico me pagó el pasaje y boletos para los estadios. Poco a poco, otros medios se acostumbraron a mis textos. Desde hace unos diez años quería hacer un libro de fútbol. Descarté muchos episodios y reescribí otros, buscando que tuvieran la unidad de un partido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
