
Tiempo después llegó la literatura coreana. No es totalmente desconocida pero recién ahora se edita en nuestro país. Con un asomo tímido pero prometedor, llegaron un par de novelas y una compilación de cuentos de un país asombroso, raro y desconocido. Durante este año Emecé publicó: El regalo del ave de Eun Hee-kyung y Hacia la hora ajena de Yi In-seong; y por su parte Oliverio Coelho compiló una serie de cuentos en Ji-Do (Santiago Arcos editor). Otros autores, otros títulos atractivos y sin promoción se pueden conseguir en librerías porteñas que importan textos de España y México. Algunos vendrán en los meses próximos editados aquí en nuestro país. Algunos autores se pueden leer en Internet dado que lideran el campo de la producción literaria virtual mundial, pero claro, en coreano. En la Argentina no hay boom ni siquiera una tendencia pero sí la posibilidad de conocer un mundo exquisito y ajeno compuesto y expresado en caracteres coreanos.
"Llegó hasta mis oídos el llanto de una mujer. Venía del patio trasero de una casa. Era un llanto reprimido que nadie debía escuchar. Ni la misma oscuridad pudo apagar ese sonido. Como un hilo de agua que desaparece en la profundidad de la tierra, ese suave llanto atravesaba la noche." El que escribe es Son Chang-sop, un autor que en 1922 publicó este cuento llamado "Sueño desvanecido" y que fue compilado por Coelho. En estos textos, en las novelas más recientes aparece una cultura atravesada por diversas angustias que han perseguido al pueblo coreano en casi toda su historia y cuyos ecos castigan al presente.
Y se leen.
La tirada mínima de una novela en Corea del Sur es de entre 3.000 y 5.000 ejemplares, un escritor popular vende como mínimo 10.000 y los best-séllers pueden traspasar la frontera de los 200.000 ó 300.000 ejemplares. Shin Kyung-sook, una de las más elogiadas escritoras de Corea, vendió un millón de ejemplares con la novela Take care of my Mom en sólo diez meses. En Francia recibió el premio L'Inapercu, palabra que significa "inadvertido" por su novela Una habitación aislada. Desde la apertura democrática, a fines de los 80, en Corea, se están traduciendo muchas obras extranjeras entre las que también figuran autores argentinos como Borges, Manuel Puig, fundamentalmente, y también Bioy Casares, Silvina Ocampo y autores más nuevos como Marcelo Birmajer. El diálogo tiene un ritmo precavido y lento. No se detiene.
Corea, lo coreano, la cultura coreana ha comenzado a instalarse y sonar familiar en la Argentina. En parte por la fuerza de una comunidad ya afincada y creciente desde los años 80. También gracias a las distintas expresiones de su cultura, especialmente del cine de Kim Ki-duk, Hon San-soo, Bong Joon-ho, Park Chan-wook, Lee Chang-dong, entre otros. La inauguración de un coqueto Centro Cultural Coreano ha colaborado en la expansión de la coreanidad. A su vez, la gastronomía llama la atención a través de gustos provocadores y colores llamativos.
Primero fueron las lenguas.
Toda literatura está atada a una lengua, un alfabeto, una caligrafía. La escritura coreana no existió siempre y para su concepción debió sortear la tremenda influencia de la lengua y escritura china. Antes de que el rey Sejong el Grande creara la escritura llamada "Hangul" en el siglo XV, la literatura coreana recibió la presión de las letras chinas al punto de que se escribía sólo en chino. Con el Hangul nació la novela y los géneros literarios conocidos como Shijo y Kasa. Shijo es la poesía escrita en tres versos donde cada uno de ellos está regido por sílabas exactas: primero y segundo con catorce y el tercero con quince. Kasa, que nació antes de la dinastía Choseon (1392-1910), es una poesía entre el verso y la prosa. La literatura moderna de Corea se formó en el ocaso de esa era con la llegada de las ideas de Occidente.
De todos modos la transformación fue lenta, ya que los intelectuales nobles prefirieron seguir escribiendo en chino porque se consideraban a sí mismos superiores y al resto plebeyos. La literatura clásica se desarrolló dentro de las creencias tradicionales coreanas y recibió al mismo tiempo la influencia del taoísmo, el confucianismo y el budismo. De Occidente se importó el pensamiento cristiano y varias tendencias y corrientes artísticas que provocaron el abandono de la escritura china.
Corea siguió sufriendo sometimientos. Japón tomó el trono de la dinastía Choseon y colonizó el país desde 1910 hasta 1945. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial se inició la Guerra Fría que dividió el escenario coreano en dos: determinó que el norte quedaba bajo control soviético y el sur bajo control estadounidense. La tensión permanente desembocó en la Guerra de Corea y la profundización de la división. En 1961 un golpe militar instauró una dictadura que estuvo en el poder hasta 1987. Un año después Corea organizaba los Juegos Olímpicos, se abría al mundo y comenzaba un vertiginoso proceso de modernización.













