lunes, octubre 19, 2009

Relatos coreanos, mundos extraños





Tiempo después llegó la literatura coreana. No es totalmente desconocida pero recién ahora se edita en nuestro país. Con un asomo tímido pero prometedor, llegaron un par de novelas y una compilación de cuentos de un país asombroso, raro y desconocido. Durante este año Emecé publicó: El regalo del ave de Eun Hee-kyung y Hacia la hora ajena de Yi In-seong; y por su parte Oliverio Coelho compiló una serie de cuentos en Ji-Do (Santiago Arcos editor). Otros autores, otros títulos atractivos y sin promoción se pueden conseguir en librerías porteñas que importan textos de España y México. Algunos vendrán en los meses próximos editados aquí en nuestro país. Algunos autores se pueden leer en Internet dado que lideran el campo de la producción literaria virtual mundial, pero claro, en coreano. En la Argentina no hay boom ni siquiera una tendencia pero sí la posibilidad de conocer un mundo exquisito y ajeno compuesto y expresado en caracteres coreanos.

"Llegó hasta mis oídos el llanto de una mujer. Venía del patio trasero de una casa. Era un llanto reprimido que nadie debía escuchar. Ni la misma oscuridad pudo apagar ese sonido. Como un hilo de agua que desaparece en la profundidad de la tierra, ese suave llanto atravesaba la noche." El que escribe es Son Chang-sop, un autor que en 1922 publicó este cuento llamado "Sueño desvanecido" y que fue compilado por Coelho. En estos textos, en las novelas más recientes aparece una cultura atravesada por diversas angustias que han perseguido al pueblo coreano en casi toda su historia y cuyos ecos castigan al presente.

Y se leen.

La tirada mínima de una novela en Corea del Sur es de entre 3.000 y 5.000 ejemplares, un escritor popular vende como mínimo 10.000 y los best-séllers pueden traspasar la frontera de los 200.000 ó 300.000 ejemplares. Shin Kyung-sook, una de las más elogiadas escritoras de Corea, vendió un millón de ejemplares con la novela Take care of my Mom en sólo diez meses. En Francia recibió el premio L'Inapercu, palabra que significa "inadvertido" por su novela Una habitación aislada. Desde la apertura democrática, a fines de los 80, en Corea, se están traduciendo muchas obras extranjeras entre las que también figuran autores argentinos como Borges, Manuel Puig, fundamentalmente, y también Bioy Casares, Silvina Ocampo y autores más nuevos como Marcelo Birmajer. El diálogo tiene un ritmo precavido y lento. No se detiene.

Corea, lo coreano, la cultura coreana ha comenzado a instalarse y sonar familiar en la Argentina. En parte por la fuerza de una comunidad ya afincada y creciente desde los años 80. También gracias a las distintas expresiones de su cultura, especialmente del cine de Kim Ki-duk, Hon San-soo, Bong Joon-ho, Park Chan-wook, Lee Chang-dong, entre otros. La inauguración de un coqueto Centro Cultural Coreano ha colaborado en la expansión de la coreanidad. A su vez, la gastronomía llama la atención a través de gustos provocadores y colores llamativos.

Primero fueron las lenguas.

Toda literatura está atada a una lengua, un alfabeto, una caligrafía. La escritura coreana no existió siempre y para su concepción debió sortear la tremenda influencia de la lengua y escritura china. Antes de que el rey Sejong el Grande creara la escritura llamada "Hangul" en el siglo XV, la literatura coreana recibió la presión de las letras chinas al punto de que se escribía sólo en chino. Con el Hangul nació la novela y los géneros literarios conocidos como Shijo y Kasa. Shijo es la poesía escrita en tres versos donde cada uno de ellos está regido por sílabas exactas: primero y segundo con catorce y el tercero con quince. Kasa, que nació antes de la dinastía Choseon (1392-1910), es una poesía entre el verso y la prosa. La literatura moderna de Corea se formó en el ocaso de esa era con la llegada de las ideas de Occidente.

De todos modos la transformación fue lenta, ya que los intelectuales nobles prefirieron seguir escribiendo en chino porque se consideraban a sí mismos superiores y al resto plebeyos. La literatura clásica se desarrolló dentro de las creencias tradicionales coreanas y recibió al mismo tiempo la influencia del taoísmo, el confucianismo y el budismo. De Occidente se importó el pensamiento cristiano y varias tendencias y corrientes artísticas que provocaron el abandono de la escritura china.

Corea siguió sufriendo sometimientos. Japón tomó el trono de la dinastía Choseon y colonizó el país desde 1910 hasta 1945. Con el fin de la Segunda Guerra Mundial se inició la Guerra Fría que dividió el escenario coreano en dos: determinó que el norte quedaba bajo control soviético y el sur bajo control estadounidense. La tensión permanente desembocó en la Guerra de Corea y la profundización de la división. En 1961 un golpe militar instauró una dictadura que estuvo en el poder hasta 1987. Un año después Corea organizaba los Juegos Olímpicos, se abría al mundo y comenzaba un vertiginoso proceso de modernización.

Relatos coreanos, mundos extraños II




Desde Corea, Eun Hee-kyung autora de El regalo del ave, trata de explicar cómo se llegó a este presente literario: "Hace mucho que fue presentada la literatura coreana en el mundo occidental. En los 60 como la literatura de guerra y pobreza, y en los 70 como la de la lucha democrática contra la dictadura. En consecuencia, se produjo un malentendido sobre la literatura coreana. En la actualidad hay mucha variedad en ella. Con identidad propia reproduce la sociedad coreana, pero con una fuerte conciencia 'cosmopolita'. Tenemos escritores ganadores de premios literarios en Francia y en Alemania."

Uno de esos autores consagrados es el poeta Ko Un nacido en Gunsan (Corea del Norte) en 1933. Ha publicado más de cien volúmenes de poesía, ficción, ensayos, traducciones y drama. La poesía va de la lírica breve a la vasta épica; la ficción incluye la novela de inspiración budista. La serie de doce volúmenes Manibo (Diez Mil Registros de Vida) contiene historias cortas que evocan todas las personas que Ko Eun conoció en su vida. Entre la ficción coreana publicada en los últimos años se destaca la trilogía testimonial (nostálgica y trágica) de Yi Mon-yoi; la recreación histórica de un héroe de Kim Hu en El canto de la espada; La Plaza, de Cho In-hun, una novela muy leída en los 60, que trata sobre la falta de identidad, personificado en la vida de un estudiante que no encuentra su lugar ni en el comunismo del Norte ni en la sociedad capitalista del Sur.

El presente no sólo trajo múltiples y prolíficos escritores muy leídos en Europa sino también el fenómeno de la ciberliteratura. Corea fue pionero en este terreno debido a que es uno de los países de mayor desarrollo en tecnología de Internet: más de 35 de los 48 millones de sus habitantes están conectados a la red. En diciembre de 1989 el autor coreano Lee Seong-Soo (1968) empezó a escribir una novela de ciencia ficción llamada Atlantis Rhapsody en Internet y dos años después la publicó como libro. A partir de entonces aparecieron innumerables sitios web relacionados con la ciberliteratura donde los relatos coreanos tienen una fuerte presencia. Todas se dedican a la creación literaria, no a la teoría. Es común que los ciberautores no se den a conocer de ningún modo. Son anónimos. Se calcula que diariamente se suben mil novelas en coreano a la Web. Los ciberescritores mantienen un fluido contacto con sus lectores quienes también dejan sus críticas. Varias de esas novelas, las de mayor popularidad, han llegado a convertirse en películas.

Oliverio Coelho es un argentino que estuvo invitado en Corea por seis meses y cuenta cómo fue vivir dentro de la literatura coreana: "Estar en contacto con escritores locales fue una de las experiencias más significativas. En primer lugar, porque el diálogo con escritores fue una puerta de entrada a la identidad de un país milenario, a una cultura eclipsada por un progreso que trajo otros beneficios pero dejó tradiciones refinadas mucho más lejos de lo que realmente están. En segundo lugar, porque me reveló que existía un discurso intelectual capaz de metabolizar, a través de la ficción y el ensayo, los cambios abruptos que el país había sufrido en los últimos treinta años. En medio de ese progreso acelerado, los escritores se habían tomado su tiempo para pensar la modernización o, al menos, contrastarla y saldar cuentas con la historia trágica del país durante el siglo XX".

Mercedes Güiraldes es la editora de Emecé que eligió los títulos que ese sello ha publicado y piensa llevar adelante más proyectos literarios coreanos en 2010. Los libros se traducen gracias al apoyo del Korea Literature Translator Institute (KLTI). "Hace cuatro años parecía imposible. Que se haya concretado es una gran satisfacción porque son libros muy buenos".

Se ha definido la tendencia actual como la de la literatura de la "diversidad" donde las nuevas generaciones se manifiestan de modo más libre, vivo y experimental. En su país, los jóvenes coreanos desde los años 90 son la generación de "viajeros con mochila", como los llaman allí, quienes han contribuido a ampliar el horizonte de la literatura coreana. Así, se generó un espacio que funde acertadamente tradición y modernidad, clasicismo y vanguardia, pasado y presente; males y problemáticas de siempre.

"La prosa moderna coreana desde el periodo de apertura hasta los años 60 y 70 muestra mejor una particularidad como literatura nacional que un carácter general de literatura universal. Y la historia de la prosa moderna se resumiría como el proceso de un constante esfuerzo por reflejar la realidad en todas sus dimensiones", sostiene Cho Don-gil, autor de Historia de la Literatura Coreana y profesor de la Universidad Nacional de Seúl.

"Como un vacío absoluto, como una vaguedad en la que hasta la muerte es el hilo de un rayo. Así es. ¡Qué se puede hacer! Ayer, allí existían el cielo y el mar con una línea fronteriza muy clara. Luego todo desapareció. ¿Qué podía hacer yo?". La escritura, la declaración, la pregunta es de Yi In-seong; la sensación, el color, la intensidad, es de la literatura coreana de todas sus épocas.

sábado, octubre 17, 2009

Vattimo, "Dar clases es como... una orgía"


Foto: Diego Fernández Otero


Gianni Vattimo seduce a estudiantes y lectores. El filósofo habla con un grupo de universitarios en el lobby del hotel que está abandonando y se lo ve feliz. Enamorado. De eso se trata. "Dar clase es como... una orgía", define sin mover las cejas color ceniza. "Doy clases con una actitud erótica, con los varones especialmente, pero eso no quita que también lo sienta con las alumnas. Y ese erotismo puede surgir en una clase con ancianos... siempre que enseño estoy a la búsqueda de una relación sentimental, del amor". Vattimo, diputado comunista del parlamento europeo, estuvo en Buenos Aires invitado por el Ministerio de Cultura porteño para dar una charla sobre ética. Antes de partir habló con Clarín.

¿Cuánto de erótico puede haber en el diálogo político, en la discusión parlamentaria?
Lo mejor de la política es la campaña electoral, porque hablas con la gente y todo eso tiene algo de erótico. No quiero exagerar porque también se ha dicho que la relación de las masas con Mussolini era algo erótico y Berlusconi pretende hacer lo mismo. Sobre el erotismo de Berlusconi... (no puede contener la risa) se publicó mucho: sobre el cuerpo mismo del líder.

¿Cuánto importa debatir los placeres sexuales de Berlusconi?
A mí no me interesa saber cuántas putas recibe Berlusconi cada noche. Lo que ha tenido relevancia son sus mentiras. Las mentiras que dijo para ocultar, por ejemplo, que fue al cumpleaños de 18 de esa chica. Miente y entonces el problema deviene político, en un problema de la República.

¿La ética debe tomar en cuenta las transformaciones de la política?
Para Aristóteles la política es la cumbre de la ética, la construcción de la comunidad social. Hoy el problema de la ética es liberarse de la ley natural y terminar con la idea de que hay límites, como por ejemplo en la bioética. Hay principios "naturales" que se tratan de aplicar y obviamente aparecen los príncipes que los conocen mejor que uno, un comité central, el Papa, los filósofos de Platón, etc. ¿Se puede construir una ética, una política que renuncie totalmente a esta idea de autoridad básica? Creo que sí.

Pero choca con la Iglesia...
La política ética religiosa de la Iglesia ha sido esta: 'nosotros tenemos los principios, ustedes tienen que obedecer'. Esto lo sufro mucho como italiano con la bioética. En muchos países de Europa hay leyes respecto al derecho a morir; en Italia no porque la Iglesia pretende que se aplique la sacralidad de la vida. Pero la vida no es solamente la biología. Entonces se enfrentan: biografía vs. biología. Para mí la ética hoy significa rechazo a la pretensión de autoridad suprema de algunos principios, de la tradición de la objetividad, de una verdad a la que hay someterse. Y esto tiene que ser como la democracia en el sentido de aplicar leyes compartidas, obviamente es un camino largo.

¿Qué implica la triple identidad cristiana comunista homosexual?
Es la mejor mezcla posible: no sería comunista si no fuera cristiano. Cómo homosexual no tengo más problemas en esta sociedad. Nadie me objeta nada. El cristianismo me ha educado en el sentido de una sociedad caritativa, solidaria y esto se realiza políticamente sólo en el marco de una sociedad sin clases, de igualdad. Obviamente el comunismo no tiene mucho que ver con el comunismo de Stalin. Pero empiezo a no estar seguro de que Stalin fuera sólo un loco. Nos ayudó contra el nazismo. No fueron los Estados Unidos los que liberaron Europa sino los muertos de Stalingrado, la armada roja. Passolini también era comunista, cristiano y gay. Pero lo vivía dramáticamente. Lo echaron del PC por ser homosexual. Y de este modo yo puedo comprender el dramatismo en su obra.

La Paz, Entre Ríos I


Rumores a orillas del Paraná




HECTOR PAVON


La ciudad de La Paz guarda las historias de quienes llegan en busca de tranquilidad y de los que se alejan hacia nuevos horizontes. Por sus calles conviven el último representante del oficio de palanquero y motos que imponen el ruido de la modernidad. Como con la leyenda de su propio clan Kennedy, héroes para unos y verdugos para otros, aquí la cultura despliega varias versiones.


Primero fueron las campanadas de la iglesia, después los tacos que veredeaban desacostumbrados, luego los descorches esperados, finalmente los aplausos. Eran las nueve de una noche de sábado plena de ansiedad en La Paz, Entre Ríos, y esos sonidos prenunciaban una aparición, un espectáculo, un mundo poco frecuentado a punto de brillar. La calidez invernal que sorpresivamente llegó en agosto cambió los vestuarios largamente ensayados y trajo damas con vestidos y chalinas de hilo, señores con sacos de verano, jóvenes en mangas de camisa prolijamente arremangadas y un conglomerado de artistas de Buenos Aires en remeras, jeans y zapatillas. Así se inauguraba Las Galas del Río, fiesta íntima y pública donde el arte, la música, la literatura, el humor, la naturaleza, el gusto tuvieron su encuentro hechizante con un grupo de personas que se hacen felices a sí mismos organizando un evento cultural como nunca hubo en un lugar así; como probablemente vuelva a producirse en 2010.


En este punto del mapa entrerriano llamado La Paz conviven pueblos y ciudades, presentes y pasados. Los que son, los que persisten, los que vislumbran el futuro y los que ya perecieron, los que fueron aplastados por el paso del tiempo y las manos de muchos hombres. Aunque nadie se pone de acuerdo para definir la cantidad de habitantes, los folletos que la promocionan como ciudad que “mejora tu calidad de vida” dicen que aquí viven 27 mil personas que miran al río Paraná.


Cuántas veces vimos un atardecer y nos pareció bonito, cuántas veces nos pareció un lugar común, una postal repetida. Sin embargo, el crepúsculo que llegaba a las 7 de la tarde del mismo sábado decoraba una escena conocida pero intensa, pero con aires y protagonistas contrastantes. La novedad la provocaban las tres figuras recortadas vestidas de negro, blanco y rojo que detenían los últimos rayos de sol de ese atardecer que, nuevamente, fue único.

Perros inquietos pero amigables nos ladraban. Pero otros sonidos surgían de la flauta de Mónica Taragano, de la guitarra de Pablo Márquez observados por el pianista Ezequiel Spucches (sin piano, claro). Todos posaban en la terraza de un restaurante que da al río y que a esas horas de la casi noche estaba deshabitado salvo por los millones de jejenes que nos atacaban como si fuéramos un aperitivo mesopotámico. En todo caso, disfrutaban la piel de tres músicos por demás interesantes que lejos de una cuestión azarosa estaban en este rincón del mundo que muchos desconocen. Los tres conforman Almaviva un grupo de música de cámara latinoamericana con acento francés. Spucches y Taragano viven en Francia y Márquez, en Suiza.

Ezequiel camina por la plaza del pueblo y su recorrido es moroso. A cada paso surge un vecino que lo conoció cuando era bebé, otro que lo vio tocar el piano en la escuela primaria, alguien lo detiene para preguntarle por sus padres, por el piano, por el éxito, por cómo se vive en París... Quieren saber si extraña, si vuelve seguido a La Paz, si toma mate, si come asado en Francia, si es verdad que Carla Bruni.... Ezequiel nació hace 36 años en La Paz, hace doce que vive en París, previa experiencia de formación musical en Rusia. Y pese a que empezó a estudiar “tarde”, recién a los 10 años, se las ingenió para convertirse en un pianista estupendo. En su infancia había un piano de su abuelo, un pianista de tango, contrabajista y director de orquesta fallecido antes de la consagración. Ezequiel dice que no se preocupó en estudiar antes de los 10 años como bien lo pueden hacer los rusos, chinos, muchos europeos que antes de dejar la cuna ya saben tocar la Sonata en Si Menor de Liszt. “Las cosas pasan muy despacio acá en La Paz –insiste con delicadeza y un raro acento que mezcla las r arrastradas del francés y las aspiradas del entrerriano–, no hay urgencia de nada. Cuando tenía 14 vino la orquesta sinfónica de Entre Ríos a La Paz y yo quedé alucinado, pude hablar con músicos y uno de ellos me dijo sin vueltas: ‘si querés ser profesional de la música, tenés que apurarte, no se puede esperar a los 18 para ver qué hacemos’. Entonces comencé a estudiar en Paraná. Iba dos veces por semana. Me levantaba a las 5 de la mañana para repasar, después ir a la escuela, y al mediodía ir a Paraná. Desde 2005 vine todos los años con Almaviva o con el cantante francés Jacques Haurogné, y fue en esos conciertos que comenzamos a ver que este era un lindo lugar para un festival. Hay sed de este tipo de cosas, todo eso nos da energía y ganas de seguir”.
Mónica Taragano se acomoda una vez más el pelo rebelde que cae sobre su rostro inmaculado y saca de su flauta los sonidos de bosque alpino que lleva dentro. Sin mover un músculo de su cara, dice que la sala de la Biblioteca tiene la acústica del Colón. Nació en Buenos Aires, pero diversas músicas la llevaron por rutas francesas para convertirse en una exquisita intérprete. Pablo Márquez es un poco tímido, su guitarra, no. Nació en Salta, ha trabajado con los músicos extraordinarios y desde 2005 enseña en la Musik-Akademie de Basilea. Ellos son las estrellas internacionales de La Paz.

La Paz, Entre Ríos II


La primera mención a este pedazo de territorio entrerriano la hizo Fray Pedro José de Parras en el siglo XVIII al bautizarlo Atracadero Cabayú Cuatiá. A mediados del siglo XIX, el gobernador León Solá dispuso la construcción de un puerto y el trazado de un pueblo en Cabayú Cuatiá. Fue el 13 de julio de 1835 cuando el gobernador Pascual Echagüe decretó que ese lugar se llamaría La Paz, bajo la advocación de Nuestra Señora de La Paz. En 1843, bajo la gobernación de Justo José de Urquiza, se crean los cargos de alcalde y receptor de La Paz.

Alguien encontró termas y hoy son paso necesario para conocer la ciudad y disfrutar de las aguas de origen marino, surgentes con temperatura de 42°, saladas plenas de sulfato, calcio, magnesio, estroncio, una mezcla sanadora, curadora, desestresantes donde se puede flotar indefinidamente. La mente descansa, el cuerpo agradece, paz en la tierra.
Después del relax, ceno con mi compañero de ruta, el fotógrafo Fernando de la Orden, en la terraza sobre el río donde vimos atardecer, ahora ya sin jejenes. Pedimos surubí y nos dicen que no hay, porque se pesca poco por la predación que está sufriendo el Paraná a esa altura y que no se consigue el preciado surubí. Me sirven boga a la parrilla y me conformo con altura gastronómica. Desde hace algún tiempo La Paz padece las consecuencias de algunos vándalos que se llevan los mejores peces. Furtivos, depredadores con redes del tipo “mallas de tres hilos”, prohibidas, arrasan con todo lo que encuentran en el río. Se han llevado toneladas diarias de peces. Dicen que trabajan para frigoríficos correntinos, o sanfesinos, o de alguna provincia cercana, poco importa la procedencia. Los paceños dicen que han arruinado el río porque se han llevado peces jóvenes, chicos, de dos kilos aproximadamente, que no pudieron cumplir con el ciclo y que no han puesto huevos para reproducirse. La depredación ha ocurrido en Corrientes y en varias localidades de Entre Ríos y de este modo el río ha quedado violentamente vacío o por lo menos despoblado. Pero la falta de peces también se debe, acusan, a las decenas de represas que operan en Brasil y que con el cambio de las corrientes han confundido, desorientado a los surubíes, dorados que no saben ya dónde poner sus huevos y así se pierde la descendencia. Antes era posible pescar ejemplares de 15, 20 kilos y hoy eso es imposible, en todo caso excepcional. Yo ya no salgo a pescar, explica Eduardo Lawrie, médico, radical y hombre de campo, de origen escocés. Ya no tengo tiempo ni ganas porque salgo a al río y no pesco nada, dice mientras sopla un viento caliente que agita las llamas del asado que un pintor o un escultor colegas de su hija Kiki está preparando.

Por la tarde del sábado los artistas plásticos montaban una muestra en los salones que la ciudad les brindaba: una concesionaria de autos, la casa de la cultura de la municipalidad, las vidrieras de los negocios que circundan la plaza. Kiki Lawrie está al mando de una avanzada de artistas locales, de Buenos Aires y Mar del Plata. Se preparan para destapar vinos en la inauguración inminente dentro de las actividades de las Galas.
Kiki nació en La Paz, trabaja en Buenos Aires y se proyecta hacia el mundo todo. Ha desarrollado una carrera notable. Entre otros trabajos, ha realizado una serie de obras sobre, y con, vestidos muy conocida que, en algunos casos, incluyen retazos del vestido de la novia de la abuela que se guardaban en la casa de la estancia familiar. En La Paz, Kiki cambia el aire de sus pulmones y se revitaliza antes de volver a Buenos Aires.
Algunos de sus alumnos y colegas la han acompañado en este recorrido desintoxicador para exponer y dar talleres y clínicas de arte durante la semana que duraron las Galas. Artistas como Gerardo Feldstein; Maria Begalli; Laura Tecce; Victoria Graglia; Carol De Jong, Susana de Pamphilis, Federico Platener, Felipe Giménez caminaron la ciudad y la pintaron. Compartieron con chicos de las escuelas la idea de que es posible trasformar un lienzo, una hoja, una madera, una piedra, una vida... Giménez , por ejemplo, se dedicó a encuestar a chicos y grandes para preguntarles por frases familiares que los hayan marcado intensamente. Risueño y realista arroja una frase inquietante: “La ciudad te licua el prestigio”. La opción es... ¿volver a la naturaleza?

La Paz, Entre Ríos III




El museo regional Alicia González Castrillon exalta la historia paceña. Guarda parte del palo mayor de la corbeta Constitución de la flota José Garibaldi que combatió con la escuadra del almirante Brown en 1842. Con orgullo y con algo de secreto me muestran un supuesto estradivarius, restos arqueológicos indígenas, fotografías, pinturas, armas, banderas de Urquiza, monedas. Allí atiende algunas horas el artesano Ricardo Fleitas de 54 años. A los 8 años aprendió a domar el cuero y adquirió todo tipo de destrezas para hacer rebenques, cintos, bozales, frenos, cabezales de caballo, adornos. Mientras cuidaba ovejas esculpía el cuero. Con el tiempo sus creaciones se empezaron a exponer y hasta las ha mostrado en el moderno Palermo. Pero no se conformó. Ahora dibuja, pinta y allí lleva todas sus inspiraciones. Sueña despierto. La pintura le ha hecho replantear la vocación artística, el gusto, el placer.

Un grito cruza el silencio de la mañana del domingo. El vendedor de pescado, un capricho colonial, un extravío del tiempo, camina el pueblo con un palo en el hombro de donde cuelga una boga de unos 15 kilos y dos surubíes pequeños. El que grita “pescadoooo” se llama Ramón Horacio Galván, tiene 50 años, cuatro hijos y 20 hermanos. Vende pescado en forma ambulante desde los 7 años. El hombre es conocido como el palanquero porque palanca se llama el palo. En realidad lo llaman “el último palanquero”, alguien dice que ya nadie vende el pescado de ese modo en ningún rincón de la provincia. Para el verano tiene una bicicleta con una especie de freezer portátil. La palanca tiene nombre: “24 de enero”, día de la patrona de La Paz. ¿Y el río? “Ah... el río.... es mi vida. No puedo estar un día sin ir al puerto, sin ver el agua”. Navegar... andar... recorrer. Todo es preciso. Galván tiene mejores recuerdos de su época de “gurí” cuando veía surubíes de 60 kilos y soñaba ser palanquero para vender sábalos por dos pesos. “No tenía 10 años cuando ya llevaba por primera vez una palanca “delantal y gorro blanco, una alegría tremenda y así conocí muchos pueblos, parajes de 100, 200 personas donde llevaba pescados”. Esos pescados a veces eran su almuerzo cuando improvisaba un horno haciendo un agujero en la tierra arcillosa y cocinaba en una lata de membrillo, de dulce de batata, “fuimos artesanos, cocinábamos para subsistir, cuidábamos los recursos naturales. Si tenías un kilo de arroz, otro de polenta, yerba y azúcar, no necesitabas más en la vida”. Así, en esas andadas por caminos colorados conoció al músico, compositor, poeta, pintor y educador y preservador del folclore, en especial de la chamarrita, don Linares Cardozo. Fue el cebador de mate oficial del prócer entrerriano.

Este músico emblemático de la provincia eligió La Paz para que lo entierren. El cementerio es un campo que mira al río, las tumbas están rodeadas de verde. Y allí bajo un timbú blanco están los restos de don Linares Cardozo, un símbolo entrerriano que eligió ese lugar, y ese árbol para que allí lo sepultaran. “Canción de cuna costera” y “Soy entrerriano” son suyas, son sinónimos de entrerrianidad. Hugo Gómez es quien me cuenta la vida de Cardozo, plena de anécdotas y elogios para el padre de la tradición músical de la provincia. Un orgullo, me dice y me señala otra tumba, la del acordeonista Ramón Santich, que pidió que lo pusieran cerca de su amigo admirado y también escuchado.


Cada sábado a la noche la calle principal del puerto se trasforma en una gran pista donde nadie baila. Autos nuevos, usados, reformados, con escape retocado, relucientes, opacos, coloridos, blancos, negros se acumulan de un lado y del otro. Auto de por medio exhiben parlantes más grandes que los propios autos. El volumen mata todo lo que camine por esa calle. Cumbia y reggaeton. No es posible conversar, creo, pero los movimientos corporales de chicos y chicas dicen lo contrario, de todos modos se comunican. Las chicas en chupines y los chicos con camisas sueltas. El calor persistente provoca una noche tropical a orillas de las grúas y los “patitos”, agentes de prefectura, se entretienen mirando las formas de los chupines. Los mayorcitos llegan con bolsas de supermercados a reventar: fernet, coca, cóctel nacional, también cerveza. Caminar entre esos autos es como estar en una feria donde cada vendedor te aturde con un megáfono. Las latas y botellas van al río.

Enfrente, a pocos pasos, los encargados de una disco vacía ven pasar las pequeñas multitudes con sus viandas hacia la costa pero esperan pacientes: después la prefectura los corre y a las 2 o 3 de la madrugada van como ganado resignado al matadero discoteque. Pero ese no es el único problema de los dueños de la disco del puerto. Denuncian a la competencia, un boliche al que acusan de haber conseguido la habilitación de forma corrupta, de tener techo de paja; de no poseer aislantes acústicos, que entra más gente de lo que su capacidad permite. La falta de aislante es fácilmente comprobable: la música retumba en el río, los escasos peces que allí moran pasan la noche en vela.Los jóvenes de La Paz que quieren una carrera, un mundo laboral distinto al de la pesca, el campo y la artesanía cruzan el río o las fronteras para estudiar en Buenos Aires, Paraná, Santa Fe, Corrientes y otros comienzan a cursar carreras virtuales desde sus casas. La emoción en el pueblo tiene sus límites. La moto se transformó en medio y en objetivo. En movimiento, estacionadas o en venta, adornan con buen o mal gusto la ciudad.

Muchos de estos jóvenes no sólo se van a otras ciudades sino que también cruzan el océano. Irma Echeverría, farmacéutica, hacedora de varias empresas como la de las Galas del Río dibuja en el aire la cifra de 50 jóvenes de La Paz que se fueron a Europa a probar suerte como el caso de Ezequiel Spucches. Algunos parientes que han ido a visitarlos han quedado en Barajas y sufrieron la discriminación que Europa tiene para con algunos argentinos y latinoamericanos en general.

Desde Europa llegó el 50% del dinero necesario para realizar las Galas. Mandaban de a 50 euros. Declaración de principios y autobiografía de Irma: “Fui la recitadora del pueblo, acto que había me llamaban para decir poesías. Nunca tuve paciencia para pescar, para estar sentada con una piolita; de joven remaba y nadaba, pero ahora, no. hace 40 años que no nado. Todo cambió. El río, la gente, las costumbres, el respeto, el buen hablar de la gente. Tengo 62 años, se me enrulan los pelos cuando voy a Buenos Aires y un jovencito me dice ¿¿¿‘qué querés???’”.

Es domingo por la mañana, Irma durmió unas 3 o 4 horas y ya está preparando pedidos en su farmacia antes de volver a dedicarse al programa cultural que la tiene apasionada y obsesionada. Va a cerrar el negocio cuando llega Horacio Martínez, secretario de Cultura de La Paz a visitarla, a invitarme la modesta feria del libro local y a entregarme en libro y en palabras un relato apasionante del siglo pasado que aún no ha concluido y que tuvo como protagonistas a hombres de apellido Kennedy.

Esa historia no descansa en paz. No descansan en paz los muertos que en el cementerio del pueblo están debajo de un monolito ni descansan en paz los de la familia Kennedy que aún hoy suscitan grandes polémicas respecto de si ocuparon el papel de héroes u oportunistas. Hay quienes los califican de asesinos. El asunto fue así. Más o menos. En 1932 (sí, nos referimos a algo ocurrido hace 77 años), bajo el gobierno originado en el primer golpe de Estado en la Argentina que derrocó a Hipólito Yrigoyen, se produjo un intento de revolución que pretendía volver a la vida democrática. A fines de 1931 se había elegido fraudulentamente a Agustín Justo como presidente. Entonces se gesta un movimiento armado para impedir su asunción. Pero la falta de comunicaciones impidió que en La Paz, los conjurados se enteraran de que la revuelta se había suspendido. El 3 de enero 1932 a las 3 de la madrugada se lanzó el ataque. De unos 60 hombres confabulados, 16 entraron al pueblo y participaron de la toma de la comisaría, el telégrafo y el banco. Allí estaban tres de los once hermanos Kennedy que años después iban a reivindicar como pariente al presidente asesinado en EE.UU., JFK. Revólver y máuser en puño, se adueñaron de la comisaría y en la operación mueren el comisario y tres agentes. Aún hoy se discute si murieron combatiendo o si recibieron los disparos mientras dormían. El gobierno nacional no tardó en responder. Envío soldados de las tres fuerzas a detener a los rebeldes. El movimiento se dispersó y los tres hermanos Kennedy, expertos tiradores, se ocultaron en el monte y comenzaron la huida rumbo al Uruguay. Fueron perseguidos y protagonizaron un tiroteo en un lugar llamado El Quebrachal, cercano a Puerto Algarrobo. La puntería del clan familiar detuvo a sus perseguidores cuando sus balas mataron a cuatro policías y al empleado municipal Lucio Sandoval, agregado al grupo por ser un experto tirador. Al “chino” Horacio Martínez se le llenan los ojos de lágrimas cada vez que habla de la gesta de los Kennedy. Está hablando de la historia de los héroes recuperada en los 80 con el regreso de la democracia. El “chino” se emociona. Pero no les pasa lo mismo a otros vecinos del lugar cuando escuchan esta historia porque dicen tener otra versión. La que asegura que los Kennedy tomaron el banco para destruir los documentos referidos a sus enormes deudas por préstamos bancarios. La pasión está intacta, la cultura viva en una ciudad llamada La Paz. No es cuento.

martes, septiembre 29, 2009

Violencia policial en Puerto Rico

Documental Aquel rebaño azul: brutalidad policiaca en Puerto Rico, dirigido por Guillermo Gómez Álvarez. La investigación periodística estuvo a cargo de Óscar Serrano, reportero puertorriqueño. El film recoge testimonios de víctimas, instructores, victimarios, expertos y otros protagonistas. Tiene, además, el rescate de imágenes históricas que dan una dimensión ampliada del problema. Se estrenará en la isla el próximo 1 de octubre en la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana.


martes, septiembre 22, 2009

Galas del río en La Paz, Entre Ríos



Con el arrullo del río Paraná de fondo, la ciudad de La Paz, Entre Ríos, está culminando una semana de vida artística que la ubica en la agenda cultural global dada la calidad y el origen de sus expositores. Mañana finaliza el encuentro Galas del río con un concierto de música clásica. Es un festival que atrajo a prestigiosos músicos argentinos radicados en Europa, a la actriz Claudia Lapacó y a artistas plásticos locales y de todo el país.

En los últimos años, uno de los hijos pródigos de La Paz, que había viajado a Europa para estudiar y finalmente radicarse allá, pensó que podía llevar algo de lo aprendido en Europa a la tierra donde nació. Esa fue la visión generosa de Ezequiel Spucches, pianista afincado en París desde hace casi doce años. Desde Francia mantuvo largas, larguísimas charlas telefónicas con Irma Echeverría, una farmacéutica y emprendedora nata de La Paz. Ambos conformaron una sociedad ideal para concretar este proyecto cultural que se llamó Galas del río a través de la Fundación Arte en la Paz, de la que Spucches es el director artístico y Echeverría su presidenta. "El encuentro se pudo hacer gracias a la ayuda que recibieron solidariamente desde los vecinos hasta pequeñas donaciones de músicos y artistas argentinos que viven en Europa. Mucha gente ha colaborado, algunos ni siquiera los conocemos pero recibimos ayuda de todas partes", explica una Irma Echeverría emocionada.

El viernes 28 de agosto el escenario de la Biblioteca Popular ajustó las lamparitas de los reflectores para recibir al Ensamble Almaviva, un trío musical que ronda por salones europeos y que posee un sonido preciso y profundo cuando interpreta obras de cámara latinoamericanas. Spucches en piano, Mónica Taragano, porteña y parisina, en flauta; y el salteño y suizo Pablo Márquez, en guitarra. Todos músicos prestigiosos y reconocidos en los mejores escenarios europeos.

Spucches recién empezó a estudiar a los 10 años "porque en los pueblos el tiempo pasa mucho más lento y no hay urgencia de nada", recuerda; y agrega: "vuelvo todos los años a La Paz. Aquí la gente no tiene acceso a esta música y para mí era importante crear algo aquí porque hay una sed de estas cosas muy grande". Taragano, por su parte, tomó cursos con Jean Pierre Rampal y Gyorgy Kurtág, entre muchos otros, y enseña actualmente en el Conservatorio de Música de Villeneuve Saint-Georges, Francia. Márquez ha trabajado con los músicos Mauricio Kagel, György Kurtág, Pierre Boulez, entre otros y desde 2005 enseña en la Musik-Akademie de Basilea. Durante la semana los tres han dictado cursos para los músicos de La Paz.

Al mismo tiempo, una avanzada de artistas plásticos expone sus obras en un salón improvisado, pero efectivo, en una concesionaria de autos. Las pinturas de unos quince artistas locales y otros provenientes de Miami, Buenos Aires y Mar del Plata se exponen en este lugar, las salas de la secretaría de cultura del municipio de La Paz y las vidrieras de los negocios que rodean la plaza del pueblo. Quien ha organizado la muestra plástica es Kiki Lawrie, una conocida artista de la ciudad de Buenos Aires, nacida en La Paz. Entre otras cosas, su objetivo es transmitir a sus colegas paceños la idea básica de que "los artistas pueden vender sus obras para seguir trabajando". Felipe Giménez, marplatense, montó un "consultorio" en la vereda para dialogar con los vecinos acerca del amor u odio hacia los padres. Las palabras surgen espontáneamente y Giménez las escribe en una hoja y pega en un rompecabezas de oraciones sobre un lienzo que van formando una conciencia colectiva. "Sirve para celebrar o exorcizar; los padres terminan siendo algo querido o no", explica. También exponen: Gerardo Feldstein; Maria Begalli; Laura Tecce; Victoria Graglia; Carol De Jong, Susana de Pamphilis, Silvia Peace (La Paz y Miami); y el curador y arquitecto Federico Platener.

El sábado a la noche, los vecinos, con muchos brillos, aplaudieron un espectáculo singular que tuvo a la actriz Claudia Lapacó como protagonista de una noche de la canción francesa. Junto con el cantante Jacques Haurogné y el pianista Spucches dieron un espectáculo que difícilmente podrán olvidar los habitantes de esta ciudad.

El programa del año 2010 ya se está preparando.

domingo, agosto 23, 2009

Comunidades

martes, agosto 04, 2009

Sumo: la metáfora japonesa


Uno puede presenciar un entrenamiento de sumo pero no puede hablar ni fotografiar ni descruzar las piernas ni salir hasta que los luchadores terminen la sesión deportiva casi religiosa. Infatigables veces se enfrentan dos hombres con carnes colgantes alrededor del mawashi (cinto) en la cintura, se abalanzan uno contra otro en el círculo de paja llamado dohyo. El más fuerte o audaz empuja al más débil o desprevenido fuera del círculo en cuestión de segundos y gana el combate. La única palabra que se escucha permanentemente entre unos y otros es sumimasen: disculpas. Es una palabra recurrente de la vida cotidiana japonesa. Son las diez de la mañana de un viernes gris con llovizna en Tokio, en un gimnasio ubicado cerca de la estación central de Ueno donde el entrenamiento de sumo comenzó a las cinco. Recién hacia el final del encuentro pueden, turistas, curiosos y observadores calificados, moverse, desacalambrar las piernas y, por fin, fotografiar y filmar y así conocer, acercarse a la preparación mítica de un luchador de sumo.

Un combate de sumo es un ritual. Una ceremonia de instantes en la que se revela la persistencia de una cultura antiquísima y que convive con la modernidad hi tec más sofisticada. Son cuerpos similares los que chocan. Es la metáfora de un país que lucha contra sí mismo. Este combate cuerpo a cuerpo que protagoniza Japón ocurre cuando la crisis global lo golpea en particular: mes a mes la cifra de desocupados marca un nuevo récord y lo mismo ocurre con las cifras de la recesión que como nunca padece después de la Segunda Guerra Mundial. Japón fue hasta hace pocos años la segunda economía del mundo, el futuro del planeta capitalista. Hoy es un país en crisis; pero de las crisis, los japoneses mejor que nadie, han sabido volver fortalecidos.

"La crisis ha aportado a Japón una relativización de los valores que parecían eternos. En mi opinión eso es bueno. El papel de la mujer ha salido reforzado y la sumisión a la empresa/familia ha dejado de ser norma ya que las grandes empresas están despidiendo a miles de trabajadores que ven alejarse el modelo paternalista. Es duro pero modernizará Japón en áreas en las que era líder" dice Víctor Ugarte, director del Instituto Cervantes de Tokio, ubicado en el distrito de Chiyoda-ku después de presentar una velada de tango.

En el distinguido barrio de Roppongi, el profesor Masateru Ito, vicepresidente ejecutivo de la Sociedad Latinoamericana de Tokio, nos explica que de acuerdo con las estadísticas económicas, se considera que la crisis del Japón comenzó con el estallido de las burbujas económicas en noviembre de 1990. Aunque las consecuencias en la sociedad se sintieron entre los años 1995-1997. El frenesí especulativo generado en los años 1986/1989 generó que los precios de los terrenos se duplicaran y el índice Nikkei de la Bolsa de Tokio se multiplicara por 2,7. Japón inició una política restrictiva en mayo de 1989 y el aumento de los tipos de interés desencadenó el colapso de la bolsa. Hacia 1993, los precios de los terrenos en Tokio habían disminuido un 49,3% en relación con el apogeo especulativo de 1990, dejando a los principales bancos japoneses cargados con un gran volumen de créditos incobrables. "La economía japonesa sufrió de deflación durante varios años y justo cuando se estaba recuperando, estalló la crisis financiera norteamericana y hoy se están sufriendo nuevamente las consecuencias", explica Masateru Ito.

"La sociedad japonesa es una sociedad tradicionalmente igualitaria, y la cobertura social ha sido históricamente amplia", sostiene el embajador argentino en Japón Daniel Polski en la terraza de su residencia ubicada en Minato-ku. Y agrega: "A partir de 2001 se implementaron algunas reformas estructurales en la economía que fueron perdiendo impulso gradualmente, ante la preocupación de la población por sus efectos sobre la equidad social".

Presente japonés en crisis


Hay escenas callejeras que hasta a los propios japoneses les cuesta creer: aquí y allá se ven hombres durmiendo en la calle, estaciones de subte, pasillos y hasta se ven cartoneros en versión futurista. Son hombres que han perdido su casa y también el hogar: cuentan que algunas familias no aceptan a los hombres sin trabajo... Es que la cantidad de desempleados llegó en junio a 2,9 millones, el 6,7% de la población económicamente activa del país. Un porcentaje mayor en un 0,3% al registrado en mayo. Además, un tercio de la fuerza laboral de trabajo está actualmente bajo las leyes de un contrato de trabajo basura.

Pero no son sólo humanos los perjudicados por la crisis. El recorte del gasto mundial en autos y aparatos electrónicos ha afectado también a los trabajadores mecanizados o robots. La producción industrial de Japón ha caído un 40% y de este modo la demanda de robots. Esto detiene el desarrollo de mascotas electrónicas y recepcionistas cibernéticos. Los ancianos habían dado un impulso al desarrollo de robots domésticos capaces de dar de comer a personas impedidas de movilizarse que hoy cuestan 4 mil dólares y que ya muy pocos pagan.

El área metropolitana de Tokio se compone de 23 "Barrios Especiales" que forman un área de 621,49 km2 donde viven casi 9 millones de personas. Es una de las ciudades más modernas del planeta y cuenta con la mayor efectividad en transportes, comunicaciones, limpieza, tráfico, seguridad, salud, educación, vivienda entre otras virtudes. Sumando las prefecturas que componen el "Gran Tokio" la población llega casi a los 40 millones. Se calcula que estaciones como las de Shinjuku son transitadas diariamente por entre 3 y 4 millones de pasajeros. El cruce de las dos principales avenidas de este barrio está considerado como el de mayor tránsito del mundo y según el gurú de las nuevas tecnologías de comunicación Howard Rheingold, es donde se cruza la mayor cantidad de mensajes de texto de todo el mundo.

Es extraño. La venta, consumo, uso de teléfonos celulares inteligentes es permanente. Sin embargo, no se los escucha. Nadie graba ringtones en sus teléfonos, todo el mundo elige la opción vibración. El silencio es permanente, vuelve sospechoso el ambiente. En trenes, subtes, bares, librerías, mercados apenas se escucha un murmullo que nunca llega a ser un ruido ni mucho menos bullicio. Silencio y emisión gigantesca de mensajes de textos originó los oyayubizoku "generación del dedo pulgar" (por el uso constante de los celulares, que nunca suenan). Cuando desean hablar, los pasajeros van al cell phone corner, un espacio entre vagones en el tren para conversar sin molestar.

El enigma de los jóvenes japoneses




"La juventud no es más que una palabra" escribió Pierre Bourdieu. Para las japoneses es una palabra que hoy se relaciona directamente con la crisis. Los jóvenes una vez más son la caja de resonancia de la larga crisis de su país. Consecuencias trágicas. Sólo en abril se suicidaron 100 personas por día de los cuales la mayoría son hombres de edad media e inmediatamente le siguen los jóvenes. En los últimos once años 30 mil personas se han suicidado por año.

Un grito de amor desde el centro del mundo es el título de la novela más exitosa en la historia del Japón. Casi cuatro millones de ejemplares se vendieron sólo en ese país y ahora también ha generado un fenómeno de ventas en España y México, por ejemplo. Su autor se llama Kyoichi Katayama. "Al despertarme siempre estoy llorando. No es porque esté triste. Es que, cuando regreso a la realidad desde un sueño feliz, me topo con una fisura que me es imposible franquear sin verter lágrimas. Y eso, por más veces que me ocurra, siempre es así", son palabras de Sakutarô, el protagonista, que a través de una voz sufrida expone cierta sensación de desasosiego. Algo que no es extraño para muchos jóvenes japoneses. Hay gritos, susurros, voces que piden ser escuchados en una sociedad que parece no tener oídos. Estas declamaciones forman parte no sólo de la literatura de Katayama, cuyo libro es un best-séller, sino de un espíritu que recorre la letra de una narrativa que desde su nacimiento indaga en lo profundo de subjetividades que suelen ser complejas. A lo largo de los siglos los textos de la literatura japonesa llevan cierta marca funeraria, al punto de generar la sensación de que en todo relato japonés siempre muere alguien. Y esto no es un detalle folclórico ni de contexto sino que suele influir en la trama y hasta la puede determinar. No es casual, la muerte en todas sus formas ha atravesado la vida japonesa: guerras internas y externas, culto del harakiri, gas sarín y suicidio joven. En la literatura clásica y la reciente aparece el Japón guerrero de siempre, especialmente el del siglo XX. Muchas veces los protagonistas de las novelas, y de la vida real, mueren y deciden morirse de diferentes formas. Tal vez esto sea una característica que define un modo de narrar pasajes y transformaciones. Un pasaje permanente entre la vida y el más allá.

Masateru Ito dice que después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, Japón ha perdido su confianza en sí mismo y ha tomado el camino de americanización. "La espiritualidad tradicional japonesa se ha considerado como símbolo del atraso o conservadurismo o reaccionarismo, y el materialismo y el individualismo al estilo americano han prevalecido en la escala de valores posbélica. El cambio repentino de escala de valores ha confundido al pueblo japonés en sus valores morales. Sin embargo, podría decirse que no es un desafío que comenzó sólo después de la Segunda Guerra Mundial, sino que más bien había comenzado ya en 1868 cuando el Japón abrió sus puertas al mundo exterior. Desde hace 2 mil años, el pueblo japonés ha venido introduciendo ávidamente las culturas extranjeras para asimilarlas y crear sus propias. A la larga, soy optimista. En este mundo de globalización, Japón tendrá un amplio espacio para contribuir al enriquecimiento de la vida de la humanidad, ofreciendo su modo de sentir, de pensar y de vivir."

La crisis también ha generado fenómenos como el de los hikikomoris. Según Enrique Vila-Matas los hikikomoris son un anticipo de los ciudadanos del futuro. Suelen ser normalmente jóvenes japoneses, varones la mayoría, que se encierran en una habitación de la casa de sus padres durante períodos de tiempo prolongados, generalmente años. Sienten tristeza y apenas tienen amigos, y la gran mayoría duerme o se tumba a lo largo del día, y miran televisión o se concentran en el ordenador durante la noche. En Japón les llaman también solteros parásitos. "O sea que aquellas máquinas solteras que inventara Duchamp se han hecho pues realidad. Hay un millón de jóvenes hikikomoris en Japón. Un número muy alto de fantasmas tumbados, de ensimismados tristes, de muertos en vida", dice el escritor catalán.

Los jóvenes que no se encierran son los que salen a mostrar, exhibir, poner en evidencia una postura ante la vida todavía no descifrada: son los hombres hervíboros (soshokukei). Desprecian la carne y se alimentan básicamente de cereales. Tienen entre 20 y 35 años, no les interesa estudiar una carrera universitaria, descuidan el trabajo o no trabajan, no proyectan una familia ni tampoco tener pareja fija ni siquiera ocasional. De algún modo encarnan la contracara del modelo yuppie de los 80 y 90, el del empleado en constante ascenso de saco y corbata italiana que fueron los pilares de la economía exitosa y que iban a beber cerveza al karaoke. También contradicen al modelo paterno guerrero de fusil y sable que quería conquistar toda Asia. Los hervíboros viven con sus padres, aman las golosinas y las tortas, especialmente el tiramisú, chatean y navegan por comunidades virtuales y también poseen costumbres de salón de belleza. Cuidan meticulosamente las uñas, se maquillan y se ponen brillantina en el pelo. Una tienda de Tokio ha vendido 4 mil corpiños a compradores hombres. Un dato aislado pero no menor: la caída de la venta de preservativos es constante.

La palabra soshokukei fue acuñada por la periodista Maki Fukasawa y reutilizado por Megumi Ushikubo, presidente de Infinity, una empresa de investigación de mercado y autor del libro Soshokukei Danshi Ojo-man Ga Nippon wo Kaeru (Los delicados herbívoros están cambiando a Japón). Ushikubo estima que un 60% de los hombres de entre 20 y 34 años son hervíboros. La erosión de las fronteras sexuales, de hecho, no es un fenómeno nuevo. Masahiro Morioka, profesor de filosofía de la universidad de Osaka sostiene que hubo un grupo de hervíboros durante el Período Edo (1603-1867) cuando se vivía un momento de paz. Morioka niega que haya relación entre los hervíboros y los hombres homosexuales dado que la mayoría de los hombres japoneses está buscando una pareja heterosexual mientras viven de forma ambigua. Morioka concluye: "Japón tiene una larga tradición de hombres simulando ser mujeres como en el kabuki".

De todos modos, "hay un voto de esperanza" advierte y rescata el columnista italiano de La Stampa Francesco Sisci: "La generación del 30 ha visto desmigajarse el mundo por el que sus padres carnívoros se habían desgarrado la espalda. Japón no habría sido nunca el número 1 como soñaban los pensadores de la mitad de los 80 desempolvando los mitos de los años 30. Tokio, mientras tanto, ha sido rasgado por la nueva economía norteamericana y está por ser sobrepasado en la curva por la nueva economía china. El yen, antes emperador de Asia, hoy en el orden de las monedas globales se ubica detrás del dólar, el euro y, dentro de poco, del yuan. Después del fin de esta idea de grandeza, el destino de Japón o de los japoneses, parece incierto. Mejor tomárselo con calma, porque tal vez, sea la propia alma del samurai la que se está extinguiendo, y tal vez podría no ser un mal".

El futuro japonés



En el último vagón de cada tren hay un cartel que indica la prioridad para que viajen "only women" en las horas de mayor congestión humana. Las mujeres suelen ser víctimas de toqueteos poco amistosos en los trenes al punto de que se hizo necesario aislarlas momentáneamente. Las perversiones sexuales se multiplican en cantidad y variedad. En toda la ciudad abundan sex shops que, entre otros accesorios, venden revistas de hentai, el manga porno. Muchas adolescentes en el barrio de Akihabara se visten como los personajes de manga y son el centro de las fantasías sexuales de japoneses y extranjeros. Algunas son empleadas de negocios de electrónicos y otras son fans que se reúnen en ese barrio para meterse en los personajes con los que suelen identificarse.

Masateru Ito dice que esta es la tercera crisis de su historia moderna: la primera fue en 1868, cuando el Shogun entregó el poder político al Emperador para acabar con el período feudal e iniciar la vida moderna (era Meiji); y la segunda en 1945 cuando el territorio japonés se redujo a cenizas como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. "Esta crisis, me parece, es más de carácter político y moral que económico, por lo tanto, algo más complejo. Después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, Japón ha perdido su confianza en sí mismo y ha tomado el camino de americanización. La espiritualidad tradicional japonesa se ha considerado como símbolo del atraso o conservadurismo o reaccionarismo, y el materialismo y el individualismo (que muchas veces es análogo al egoísmo) al estilo americano han prevalecido en la escala de valores posbélica. El cambio repentino de escala de valores ha confundido al pueblo japonés en sus valores morales. Sin embargo, podría decirse que no es un desafío que comenzó sólo después de la Segunda Guerra Mundial, sino que más bien había comenzado ya en 1868 cuando Japón abrió sus puertas al mundo exterior. Desde hace 2 mil años, el pueblo japonés ha venido introduciendo ávidamente las culturas extranjeras para asimilarlas y crear sus propias.

El futuro no parece ser lo que los japoneses se imaginaban. Recientemente la Cámara Baja del Parlamento japonés se disolvió y el próximo 30 de agosto se realizarán elecciones generales. Se especula con que el partido gubernamental, Partido Liberal Demócrata, podría perder ante el Partido Democrático que propone una reforma drástica del gobierno. Por otro lado la esperanza de vida de los japoneses es cada vez más alta, con 86,05 años de vida para las mujeres, lo que constituye un récord mundial, y 79,29 para los hombres. Por las costumbres alimentarias, consideradas sanas, y una gran atención a la higiene, Japón tiene una de las poblaciones más viejas del mundo. Pero esta longevidad, combinada con la débil tasa de natalidad, amenaza con provocar una crisis sociodemográfica. Más del 20% de los japoneses tienen más de 65 años y la proporción será el doble en 2050. De allí la falta de dinámica de la sociedad y de la economía, así como también el problema serio de pensiones y el seguro social.

La crisis está generando un nuevo país, una vez más Japón lucha contra sí mismo y se reconstruye. Esta vez no se avizora la forma del futuro. Habrá que esperar a que vuelvan a florecer los cerezos.

martes, julio 21, 2009

Decapitados

Los narcos decapitadores

Primero me tomo cuatro o cinco tequilas antes de actuar, porque no sé si vamos a encontrar al candidato y ejecutarlo. Llegado el momento, con o sin testigos del grupo, todavía calentito el cuerpo, lo pongo boca abajo, en el borde de un sillón o silla, y le dejo caer el machete, siempre con las dos manos para tener fuerza y que no me rebote el golpe con el hueso de la columna. Después meto la cabeza en una toalla, o con las ropas del muerto la envuelvo para que le salga toda la sangre, porque me enseñaron que las venas del cuello están cargadas de sangre..." Esta es la voz, pasada al papel, de "el decapitador", un matador profesional que pactó un encuentro con el periodista mexicano Sergio González Rodríguez para El hombre sin cabeza (Anagrama). Este libro es un relato sobre el espeluznante mundo de las decapitaciones, corolario de la violencia de los carteles del narcotráfico mexicanos.

Cuerpos sin cabezas; cabezas sin cuerpos. La sociedad mexicana se acostumbró a estas imágenes en televisión, diarios, revistas, y también en persona, de cadáveres cortados, despedazados. Horror cotidiano. En los últimos años la guerra entre los carteles de la droga, cada vez más fortalecidos, ha generado esta violencia desmedida: las cabezas cortadas ruedan por ciudades y pueblos mexicanos como símbolo de muerte y como muerte en sí misma. Hace cinco días, ese horror volvió con doce policías ejecutados por "La familia", cartel de Michoacán. La imagen de la pila de cuerpos aterra.

González Rodríguez ya ha transitado la ruta de la investigación de la violencia en su país. Anteriormente escribió Huesos en el desierto, un libro sobre el feminicidio en Ciudad Juárez donde centenares de mujeres fueron asesinadas. Amenazado, golpeado, perseguido también ha sido elegido como personaje de 2666 por Roberto Bolaño. En los últimos veinte años, señala, el uso de los cuerpos como mensajes se incrementó al mismo tiempo que las actividades de los narcotraficantes se hicieron públicas. "Antes su tarea era silenciosa y oscura, dice desde México González Rodríguez y explica, intenta explicar, por qué hay narcos que decapitan o mandan a decapitar con la naturalidad con la que elijen un nuevo auto: "El impacto mediático es preponderante: se trata de extender el pánico que este tipo de actos suscitan entre la gente. Hay desde luego un deseo de mostrar la mayor capacidad violenta ante los enemigos, sea el gobierno o los grupos rivales. La barbarie tradicional se une con el temperamento antisocial de cada uno de los sicarios. A falta de castigo por parte de la ley, los sicarios incrementan sus destrezas criminales. La impunidad es el afrodisíaco de los delincuentes, y en el México actual, que en términos estadísticos presenta un 99 por ciento de impunidad de los delitos, se vive un frenesí de la violencia y el delito, del crimen organizado y de las conductas contra la sociedad."

En los últimos dos años, en México hubo más de 7 mil muertes violentas, de las cuales 170 fueron decapitaciones. Durante 2008 hubo 16 ejecuciones por día a manos del narcotráfico y durante 2009 (hasta junio), ya se contabilizaron 3.009 asesinatos. Para el autor del libro hubo un momento en que ocurrió un salto cuantitativo en la dimensión de la violencia mexicana: "Cuando el negocio del narcotráfico y sus alianzas con el poder económico y político se vuelve tan grande que comienzan las pugnas, y lo que antes era privado o confidencial, secreto o reservado salta a la luz pública. Ubico una fecha que señala en México el comienzo de la violencia sistemática contra las instituciones: 1994. Año del levantamiento zapatista en Chiapas, año de las luchas en la cima política entre grupos de poder, año de los asesinatos de Estado, año en el que se destapa la guerra del narcotráfico que perdura a la fecha."

El estado benefactor volvió para los ricos, dice Bauman



How to spend it.... Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor..." Esta cosmovisión le sirvió a Zygmunt Bauman para teorizar sobre cuestiones imprescindibles y así intentar comprender esta era. La idea de felicidad, el mundo que está resurgiendo después de la crisis, seguridad versus libertad, son algunas de sus preocupaciones actuales y que explica en sus recientes libros: Múltiples culturas, una sola humanidad (Katz editores) y El arte de la vida (Paidós). "No es posible ser realmente libre si no se tiene seguridad, y la verdadera seguridad implica a su vez la libertad", sostiene desde Inglaterra por escrito.

Bauman nació en Polonia pero se fue expulsado por el antisemitismo en los 50 y recaló en los 60 en Gran Bretaña. Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds. Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad. Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una modernidad "sólida" hacia otra "líquida". Al mismo tiempo y hasta el presente se ocupó de la convivencia de los "diferentes", los "residuos humanos" de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres todos. Sobre este mundo cruel y desigual versó este diálogo con Bauman.

Uno de sus nuevos libros se llama Múltiples culturas, una sola humanidad . ¿Hay en este concepto una visión "optimista" del mundo de hoy?

Ni optimista ni pesimista... Es sólo una evaluación sobria del desafío que enfrentamos en el umbral del siglo XXI. Ahora todos estamos interconectados y somos interdependientes. Lo que pasa en un lugar del globo tiene impacto en todos los demás, pero esa condición que compartimos se traduce y se reprocesa en miles de lenguas, de estilos culturales, de depósitos de memoria. No es probable que nuestra interdependencia redunde en una uniformidad cultural. Es por eso que el desafío que enfrentamos es que estamos todos, por así decirlo, en el mismo barco; tenemos un destino común y nuestra supervivencia depende de si cooperamos o luchamos entre nosotros. De todos modos, a veces diferimos mucho en algunos aspectos vitales. Tenemos que desarrollar, aprender y practicar el arte de vivir con diferencias, el arte de cooperar sin que los cooperadores pierdan su identidad, a beneficiarnos unos de otros no a pesar de, sino gracias a nuestras diferencias.

Es paradójico, pero mientras se exalta el libre tránsito de mercancías, se fortalecen y construyen fronteras y muros. ¿Cómo se sobrevive a esta tensión?

Eso sólo parece ser una paradoja. En realidad, esa contradicción era algo esperable en un planeta donde las potencias que determinan nuestra vida, condiciones y perspectivas son globales, pueden ignorar las fronteras y las leyes del estado, mientras que la mayor parte de los instrumentos políticos sigue siendo local y de una completa inadecuación para las enormes tareas a abordar. Fortificar las viejas fronteras y trazar otras nuevas, tratar de separarnos a "nosotros" de "ellos", son reacciones naturales, si bien desesperadas, a esa discrepancia. Si esas reacciones son tan eficaces como vehementes es otra cuestión. Las soberanías locales territoriales van a seguir desgastándose en este mundo en rápida globalización.